Advertisement

Un estudio sugiere que la bicicleta sería una aliada en el tratamiento contra el Parkinson

Sesiones regulares de pedaleo pueden impulsar la neuroplasticidad, además de sus otros beneficios ya conocidos para la salud y el bienestar. Los especialistas sugieren integrarla en los tratamientos, salvo en casos muy avanzados.

Un estudio reciente vincula el ejercicio en bicicleta con el mantenimiento de la neuroplasticidad cerebral, lo que redundaría en un alivio de algunos de los síntomas de la enfermedad de Parkinson. En términos generales, los especialistas coinciden en señalar que se debería dar más espacio a la actividad física y a la fisioterapia en el tratamiento de este mal. 

Pero lo importante es que sí, andar en bicicleta puede ayudar a las personas con Parkinson. Un estudio publicado en Clinical Neurophysiology y comentado por Notre Temps observó que los pacientes que hicieron 12 sesiones repartidas en 4 semanas mejoraron la comunicación entre áreas cerebrales ligadas al movimiento. Cabe aclarar por supuesto que el ejercicio no cura la enfermedad y su práctica debe adaptarse a cada caso.

Según Notre Temps, el estudio plantea que la bicicleta puede ayudar al cerebro a reorganizarse y a activar “rutas de emergencia” para seguir controlando los movimientos. Esa capacidad, conocida como neuroplasticidad, se altera en el Parkinson, una enfermedad que afecta circuitos neuronales implicados en la coordinación de los movimientos y el equilibrio.

En el ensayo, los pacientes realizaron sesiones regulares de bicicleta, a ritmo regular, es decir, sin buscar rendimiento. El resultado fue que los registros de actividad cerebral post entrenamiento mostraron que las zonas del cerebro involucradas en el movimiento se comunicaban con mayor eficacia entre ellas después del ejercicio.

Qué beneficios puede aportar la bicicleta y cuando adaptarla

Patrick Le Goux, reumatólogo y médico del deporte, citado por el mismo medio, señaló que la bicicleta también actúa sobre los dolores musculares y articulares asociados a la enfermedad. Añadió que, si una persona pedalea al menos una decena de minutos sin parar, el sistema nervioso central libera endorfinas, lo que aporta bienestar y atenúa el dolor.

Le Goux explicó que ese efecto aumenta tras media hora de esfuerzo. También indicó que la actividad puede reducir la producción de moléculas inflamatorias, con posible alivio de contracturas musculares y rigideces articulares frecuentes en el Parkinson.

La utilidad de la bicicleta depende del estadio de la enfermedad. En formas moderadas, puede recomendarse un triciclo para asegurar el equilibrio. Y, cuando los trastornos avanzan, la bicicleta estática en interiores permite mantener el movimiento reduciendo el riesgo de caída. El médico insistió en priorizar un pedaleo regular y en añadir ligeras aceleraciones solo si la persona se siente capaz.

El profesor François Carré, cardiólogo y médico del deporte en el CHU de Rennes, advirtió que la prudencia es necesaria en pacientes que ya tienen problemas de equilibrio, porque la bicicleta puede causar caídas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *